Y un día te despertás, así, enredado como los auriculares cuando los guardás en la mochila. Viste que por más que te empecines y los dejes prolija y cuidadosamente acomodados, los tipos van y en cuanto bajás el cierre se enmarañan y enredan de la forma más complicada.
Bueno, entonces te quería decir: te acostás tranquilo, prolijamente, cuidadosamente acomodado, una pinturita. Pero en cuanto bajás la guardia y abrís los ojos, de repente y sin aviso, estás enmarañado como ese cable, con los pelos y las ideas y los sentimientos revueltos. Algo pasa durante la noche sin que lo sepamos. La mente es como los kioscos 25hs Open, labura hasta en las horas que no existen.
Así que te sentás. Te sentás, te acercás a la luz y jugás a ser abuela desovillando ese ovillo persona que amaneciste hoy. Tirás de una punta, a ver qué pasa, y ves que del otro lado de la maraña un piolín se mueve, un recuerdo. Así como lo ves lo soltás, ese nudo es complicado, mejor empezar por otro. Buscás el principio del enredo (es vox pópuli que lo mejor es empezar por el principio) entre todo ese quilombo. Cuesta encontrarlo. Metele más luz. Y ahí está. Tirás, ahora sí, de esa punta libre que encontraste, y comenzás a ordenarte otra vez. Es necesario a veces saltearse nudos, no todos los recuerdos se desatan fácilmente, así que vas al medio de tu historia y después casi al final, hace un días, pero de ahí te vas hasta el primer pucho adolescente, y luego volvés a la noche en que la perdiste, para pasar a algún llanto que creías olvidado.
Que creías olvidado pero está ahí, reluciente entre la maraña, atado firmemente como el día en que lo dejaste, y para poder desatarlo hay que volver a llorar y volver a olvidar y volver a sentir y volver a morir.
Terminás. En las horas que no existen terminás. Llegás al final y estás satisfecho. Orgulloso estirás entre tus dedos ese cable vida por el que acabás de transitar de forma intermitente y lo mirás de punta a punta, radiante. Mirá qué prolijo que luce así, casi perfecto. Ahora, sabés…
Ahora ya estás listo para enredarte de nuevo.
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Comments
13 responses to “Maraña”
La Maga
Me gustó, esta frase (“y para poder desatarlo hay que volver a llorar y volver a olvidar y volver a sentir y volver a morir.”)me hizo acordar a un texto de Cortazar que me gusta mucho, que terminaba
Has sabido con cada poro de la piel, sabido que tus ojos, tus manos, tu sexo, tu blando corazón, había que tirarlos había que llorarlos había que inventarlos otra vez.
Muzza: Recién estoy volviendo al tema después de unas merecidas vacaciones, pero da gusto volver así. Es, lejos, lo mejor que voy leyendo en lo que va del año.
Preguntale a Sokol, Muzza, lo que pasa cuando no podés desenredar el cable… De lo más visceral que escribiste, por cierto. Y cuando te adentres en The Stooges me avisas. Querés saber lo que es estar vivo, y rockeando???? Ahí va! Beso, Miriam
Pero antes, antes de que vuelvas a meterlos, tienes que utilizarlos para lo que fueron sacados, para por un momento escuchar a alguien más y olvidarte de ti mismo y de lo enredado que estas.
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