En la oficina, antes de conocerte; me iba corriendo.
Lo más triste de tu historia es que estás incapacitada para realmente conocerme. Aún hoy después de tantos años tu limitada cabeza y tu más limitado sentimiento deben haberse formado una especie de prototipo de lo que soy.
Lo que sabés de mí es lo que vos misma deformaste. Tu propio reflejo.
Pensás que soy lo que vos pensaste que era.
Que andá a saber qué será. Pero definitivamente, no soy yo.
Te gustó que fuera tu víctima; victimaria; te gustó reducirme a la más mínima expresión de un ser humano, la servidumbre silenciosa, tu hermoso adorno alto para llevar y mostrar.
Ese debés pensar que soy; el que fui, dominado.
Maltratado. Abusado.
Mujeres violentas.
Mujeres que violentan.
Si yo puedo violentar a un tipo y hacerlo calentar; ¿cómo no va a tener esa habilidad tu mujer?
– Ah, ahora bailás?
Pero antes, en la oficina. Me iba corriendo.
Me iba corriendo, a VIVIR.
No era el más cumplidor pero qué bien rendía.
Eso sí; llegaba tarde y me iba lo más temprano posible.
Si el reloj marcaba las 18hs; a las diecisiete y cincuenta y nueve ya estaba casi listo.
Hasta que la conocí.
Santiago Deformado en los Esteros
Quizás su pasado y su familia santiagueña me podrían haber alertado.
Quizás su abuela diciéndome: “No sé cómo te la aguantás” podría haber sido una alerta.
Quizás cuando su hermana me dijo: “Qué bueno que seas artista y valores el sentimiento; a mi hermana sólo le interesa la guita”, en vez de reírme, podría haberme ido.
Pero luego; ella me decía:
– No acepto un NO como respuesta.
Y eso; que para mí era una especie de señal de actitud, resultó ser la tumba de mi vida.
La tumba del que era.
Todavía sería una historia de amor si ella misma no hubiese manchado su propio amor; mi propio amor y el de las descendencias; amor; acá te diste contra un muro.
Acá no te salió ni te va a salir tu perversión.
En la oficina, antes de conocerte; me iba corriendo.
Luego, cuando ya vivía con ella y el plan “PAPÁ POSTIZO” iba viento en popa, en la oficina; me quedaba lo más posible, porque no quería volver.
No quería ir a un hogar donde era maltratado, sistemáticamente, bastardeado, ignorado, manipulado.
Hay mamás violentas. Eso no se puede negar.
Hay mujeres violentas. Eso no se puede negar.
El problema es reconocerlas.
Las Horas que no volverán
Lo que más duele de repasar una historia como la mía; donde alguien te enamora; te bombardea con su amor para luego reducirte a la mentira; para que luego seas el problema que ella misma creó, es ver la verdad y pensar en el tiempo perdido.
Ver la verdad de salir destrozado, sabiéndote una especie de inútil porque a eso te redujeron; vos no sos nada sin mí, y todo lo que “logramos”, lo “logramos juntos” o, “gracias a mí”.
Sus mejores logros eran los míos; con una especie de autoría propia.
¿Y el dinero? ¿Y el tiempo que lleva hacer dinero?
Solo una mujer muy limitada puede ignorar y cagarse en el esfuerzo de vida de otra persona.
En la oficina soñaba con ser independiente.
Y cuando logré casi ser independiente; ahí estaba ella.
Lo más triste de haber sido tan pobre y haber logrado algo (ni siquiera riqueza o un gran capital) es ver tu esfuerzo dilapidado
Ahí todo derrochado y derramado;
por una irresponsable que ni cara tiene para poner.
Seguí viviendo tu ojo por ojo que no te quedará ni el que te queda.
Todo ficción.
Todo poesía.
La puta madre que te remil parió; hija de puta inconsciente, inconsistente.
Terrible sanguijuela estúpida.
¿Por qué te odiás? Esa sería la verdadera pregunta.
Igual creo que sé la respuesta:
Te pegaron muy fuerte tus papás.
– Jaja, a ella, le pegábamos de chiquita
(reunión familiar, todos se ríen)
Che tontis. ¿Les parece gracioso?
A mí no me parece gracioso pegarle a tu nena.
Lo hago, porque lo necesito.
