LO MEJOR DISPONIBLE

La salida práctica del perfeccionismo que te deja inmóvil

Vivimos rodeados de ideas brillantes, proyectos soñados y versiones ideales de nosotros mismos que rara vez se concretan.

No porque sean imposibles, sino porque la mayoría queda atrapada en un error silencioso y devastador:

la creencia de que solo vale la pena actuar cuando podemos hacerlo “lo mejor posible”.

Esa exigencia, que a primera vista parece ambiciosa, disciplinada o admirable, termina funcionando como una trampa emocional que convierte la acción en algo prohibido.

El perfeccionismo se disfraza de estándar elevado, pero opera como una forma sofisticada de miedo.

mazza.com.ar

Un miedo socialmente aceptado, celebrado incluso, que destruye lo que podría haber sido una vida en movimiento.

La perfección tiene un magnetismo extraño: promete seguridad, control, reconocimiento.

Promete que si esperamosel momento perfecto”, “la versión perfecta”, “la preparación perfecta”, entonces la ejecución será impecable y estaremos a salvo de la crítica, del error, del conflicto y del ridículo.

Pero esa promesa es falsa.

Lo perfecto exige tanto que nada alcanza.

Y como nada alcanza, nada se hace.

Esa es la parálisis que define a millones de personas: saben qué quieren, saben qué podrían ser, pero no pueden tolerar la fricción de empezar desde algo incompleto.

Y así viven detenidos en un eterno “todavía no”.

Lo que casi nadie ve es que la perfección opera como un límite psicológico y no como una vara de excelencia.

La excelencia se construye en movimiento; la perfección exige que todo esté listo antes de mover un dedo.

Esa diferencia destruye carreras, vocaciones, talentos y relaciones enteras.

Mientras la perfección cierra, la excelencia abre.

Y lo disponible —esa palabra sencilla que parece menor— es la herramienta más poderosa para salir de esa jaula.

mazza.com.ar

La trampa invisible de la perfección

La perfección es seductora porque parece lo correcto. ¿Quién podría estar en contra de hacer las cosas perfectas? ¿Quién querría conformarse con menos?

Pero la perfección rara vez nace del deseo de mejorar. Muchas veces nace del miedo a fallar.

Las personas obsesionadas con “lo mejor” no buscan excelencia: buscan evitar el dolor del juicio externo o el juicio propio.

Creen que si entregan algo impecable evitarán exponerse.

Sin embargo, esa búsqueda se vuelve autodestructiva: cuanto más imaginás “la mejor versión posible”, más te alejás de la única versión real disponible hoy.

Ese ideal inalcanzable genera una paradoja: cuanto más claro tenés cómo debería verse “lo perfecto”, más te avergüenza tu versión inicial.

Y como no soportás la idea de mostrar algo imperfecto, lo posponés.

Y mientras lo posponés, imaginás cómo mejoraría si esperaras un poco más, si estudiaras más, si tuvieras más tiempo, más recursos, más energía, más claridad.

Pero nada de eso llega.

Y vos tampoco llegás a ninguna parte.

La perfección es estática, destinada al estancamiento. No quiere que avances: quiere que imagines. Y la imaginación, cuando no está acompañada de acción, se convierte en un territorio peligroso donde todo es posible excepto lo real.


El principio de lo disponible: la llave que desbloquea la acción

Aquí aparece el concepto central: lo mejor disponible.

No lo perfecto. No lo idealizado. No lo que soñás con ser dentro de un año.

Lo disponible es lo que existe hoy: tus recursos actuales, tu energía actual, tu tiempo real, tu versión real.

Es lo que podés ejecutar sin pedir permiso a nada ni a nadie.

Lo disponible es humilde, pero no es mediocre.

Es concreto. Es accionable. Es lo único que merece atención porque es lo único que existe.

Cualquier versión futura depende exclusivamente de esta versión inicial.

Una primer versión ejecutada, existe.

  • Un borrador que existe es infinitamente más valioso que una obra maestra imaginaria.
  • Un entrenamiento torpe vale más que el programa perfecto que nunca comenzaste.
  • Una conversación imperfecta vale más que la charla impecable que nunca tuviste.
  • Un lanzamiento incompleto vale más que el producto ideal que quedó encerrado en tu cabeza.

Cuando aceptás trabajar con lo disponible, cambiás de lógica.

Dejá de compararte con un ideal improbable y empezás a avanzar desde la realidad.

Esa transición es liberadora porque recuperás la única sensación que de verdad transforma una vida: la sensación de movimiento.

La motivación no aparece antes de la acción. La acción crea motivación.

mazza.com.ar

Y cada pequeño movimiento alimenta el siguiente.

Por eso lo disponible es multiplicador: te permite empezar antes de sentirte preparado.

mazza.com.ar

Y empezar, incluso imperfecto, crea un pequeño triunfo interno.

Ese triunfo te da autoestima.

Y esa autoestima te permite continuar.

La fantasía de lo perfecto está diseñada para que no empieces.

Lo disponible está diseñado para que no pares.


El costo psicológico de esperar “lo mejor”

⚠️

Cada vez que sabés lo que deberías hacer y no lo hacés, tu autoestima sufre una microfractura.

No suena dramático, pero es profundamente corrosivo.

La mente registra ese incumplimiento como una traición interna: prometiste algo y no lo cumpliste.

Y cuando esa traición se repite una y otra vez, empezás a desconfiar de vos mismo.

Esa desconfianza es uno de los daños más serios del perfeccionismo: destruye la relación con uno mismo.

Las personas creen que la falta de acción es pereza o falta de disciplina, pero en realidad es un proceso emocional: te duele empezar porque empezás desde algo que no coincide con tu ideal.

Te incomoda verte torpe, principiante, incompleto.

Te incomoda mostrar una versión vulnerable.

Entonces postergás.

Y al postergar, te volvés alguien que falla hacia adentro, no hacia afuera.

El mundo puede no enterarse, pero vos sí.

Vos sabés que no hiciste lo que dijiste que ibas a hacer. Vos sentís el peso de esa incoherencia.

Esa acumulación de inacciones genera ansiedad, frustración crónica, pérdida de autoestima y, lo más peligroso, una identidad distorsionada: empezás a creer que sos el tipo de persona que siempre abandona.

Pero no es cierto. No es identidad: es hábito emocional. Y se revierte en cuanto aparece un pequeño acto de coherencia.

Una acción mínima —lo mejor disponible hoy— produce una reparación inmediata: “Cumplí conmigo.” Ese microorgullo interno cambia todo.

mazza.com.ar

La acción es el único mecanismo que reconstruye la confianza interna.

No el pensamiento positivo.

No la planificación interminable.

No las afirmaciones.

La acción. Aunque sea mínima. Aunque sea imperfecta. Aunque no sea “lo mejor”.

Esa acción confirma que todavía estás vivo, que podés moverte, que podés producir cambio.

Y esa evidencia, repetida, se convierte en la nueva identidad: alguien que actúa.

Alguien que avanza. Alguien que cumple.


Cómo se vive cuando elegís lo disponible y no lo perfecto

Cuando empezás a decidir desde lo disponible, no cambia solo tu productividad.

Cambia tu relación con el tiempo, con tus proyectos y con vos mismo.

De repente, la vida deja de sentirse pesada.

Los objetivos dejan de parecer montañas imposibles. La disciplina deja de ser un castigo. La creatividad deja de estar reprimida. Y el futuro deja de verse como un territorio lleno de condiciones que todavía no cumpliste.

La lógica del perfeccionismo sostiene que primero necesitás condiciones ideales para actuar.

La lógica de lo disponible invierte el orden: primero actuás y después mejorás.

Ese cambio produce una libertad emocional que pocas decisiones generan.

Descubrís que iniciarte en algo ya no es traumático, que no necesitás justificar tus pasos ni esperar aprobación.

Todo se vuelve más liviano, más concreto y más real.

Las personas que aplican este principio comienzan a vivir con una especie de claridad práctica: saben que no necesitan hacer “todo”, sino solo lo que pueden hoy.

Y ese hoy, sumado muchas veces, genera una vida que se expande.

Sin grandes saltos. Sin épica. Sin momentos mágicos. Con constancia. Con presencia. Con humildad.
Con avances pequeños pero firmes que cambian el rumbo de manera acumulativa.

mazza.com.ar

Incluso cuando estás en tu peor momento —agotado, confundido, sin motivación, sin claridad, con miedo o incluso con resistencia interna— lo disponible sigue existiendo.

Y por eso es tan poderoso: es un método que funciona incluso cuando no estás en tu mejor versión.

No depende de tu estado emocional.

Depende de tu voluntad mínima.

No exige heroicidad. Exige un gesto. Un párrafo. Un movimiento. Una frase. Una acción que puedas sostener, aunque sea pequeña.

Cuando vivís desde lo disponible, dejás de perseguir la fantasía del control total.

Aceptás que el crecimiento no es lineal, que la excelencia surge del proceso y que la única manera de producir resultados extraordinarios es encadenar acciones ordinarias.

Ver también: TRANSICIÓN: vivir dos vidas sin morir de ansiedad


Conclusión: la libertad no está en acertar, está en avanzar

La vida cambia cuando entendés y aceptás una verdad profunda: la perfección no es tu amiga.

Te detiene, te castiga, te inventa excusas, te inmoviliza y te roba años.

La acción imperfecta, en cambio, es el motor de todo.

No porque sea bella, ni porque sea épica, ni porque sea brillante, sino porque es real.

Porque existe. Porque produce consecuencias. Porque genera futuro.

Tu vida no va a transformarse cuando encuentres la versión perfecta de vos mismo.

Se va a transformar cuando empieces a actuar desde la versión disponible.

Ese es el interruptor que separa una vida que avanza de una vida que solo imagina.

Si esperás lo ideal, vas a seguir esperando. Si trabajás con lo que hay, vas a construir lo que viene.

Y lo curioso es que, con el tiempo, cuando mirás hacia atrás, te das cuenta de algo casi poético: la suma de todas tus acciones “disponibles”, imperfectas y humildes termina pareciéndose sorprendentemente a aquello que un día llamaste “lo mejor”.

No porque lo hayas perseguido, sino porque lo creaste sin darte cuenta.


Ver también:

Index
×