Salgo a cargar el Gol. Amador, Domingo y Faustina Sarmiento, Juan Bautista Alberdi (pasa), Juan de Garay está a la vuelta,
me abren los semáforos en verde hoy;
pienso en Fausta, NOESPORNO y 2009.
En seguir viviendo acá, la puta que te parió para qué compré tanto.
Seguí viviendo aquí para cuidarte. Y este año iba a cuidarte fuerte, y empezó así.
LA MUJER del HERPES CIEGO/
/Para Qué Sirve El Hubiera
Quizás allá en algún lado haya una grabación de tu voz, abuela, te amo. Cuando tenía 17 años falleció; me recuerdo abranzándote madre, abrazándonos, abracémonos-
En mi cuarto. Me dijiste:
– Falleció la abuela.
Y mientras yo moría por dentro; mientras empezaba a llorar por dentro sin detenerme y a pensar en todas las veces en que no te había acompañado, pendejo de mierda, a verla.
Nos mirábamos en silencio. Pero yo no lloraba por afuéra.
– ¿Nada me vas a decir?
– Y, no sé, ¿qué querés que te diga?
– Abrazame.
Y no te lo dije. Te abracé.
Veinticuatro años después; con cuarenta y viendo en la tele cómo le cortan el meñique en una mesa a la protagonista de SOMETHING VERY BAD IS GOING TO HAPPEN; sigo tipeando en un teclado.
Sigo estancado en Buenos Aires.
Y ella nunca entendió (y aún no entiende) quién quería ser o qué quería hacer de mi vida. O se hace la que no entendió. Se hace la que no entiende.
Hay ciertas patologías que pueden esquivarse por año e incluso pueden ser difíciles de aceptar; como te decían los doctores, las psiquiatras, las psicolocas:
– Los diagnósticos en salud mental, a veces, tardan años en encontrarse. Y en algunos casos, la paciente nunca los acepta.
Salgo a cargar el Gol. Entrás por Av. Maipú y Roque Sáenz Peña. Volvés a pensar si será pelotuda esta mina o hija de puta.
O la madre. O quizás las dos.
Las cinco. Las cuatro y 24 de la mañana.
En la YPF cargás AR$ 33.000 de Infinia. Querías pedirle al playero
(hace años la misma cara, sabés que tiene ahí su cartelito con nombre pero no te molestás en recordarlo. Además te queda a 30 cm abajo de la vista [por debajo de los anteojos] tenés que doblar el cuello hacia abajo de manera antinatural, preferís mirar de frente, a tu altura. Quizás si el tipo tuviera unas buenas tetas pero no. Nunca te importó la altura de las personas: vos tenías la tuya y los demás las de ellos. Volvés a recordarla, despectiva, gastadora con asco, si se decía así misma “peti”, era un logro, qué te hacés la alta, puerta, mirá bebé vamos a decirte mejor: petisa culona reina de los enanos y enanas. Pobre nunca crecerás)
que te cargue AR$ 33.333, para hacerlo más cercano a un número que te gusta.
Pensás:
Quizás hasta pedirle que me cargue… con 33 centavos. Sí, eso.
– Maestro, cargame Infinia por treinta y tres mil trescientos treinta y tres pesos con treinta y tres centavos.
Recuerdo lo joven que fui al escribir Narciso; a Ornella le encantaba (todavía le gusta) amiga por mucho tiempo he pensado que quizás sea porque lo entendiste, entendías lo que escribía.
Entendíamos lo que escribíamos y si no lo entendíamos, lo leíamos sin cuestionarlo.
Te habrás encontrado vos también (yo me dí cuenta tarde) con gente que juzga la escritura.
JUZGADORES DE ESCRITURA.
De verdad, hay gente tan cuadrada, tan encerrada en sus propias cajas de cristales…
Una vez le compartí a tu mamá, un poema.
– Ay, qué fuerte lo que escribiste.
Ya estábamos divorciados. Hablaba de un padre que quería irse, fugarse, escapado.
– Mami, ¿ya puedo volver a hablar con papá?
– No, mi amor, hicimos esto para cuidarte, ¿te acordás? Todavía faltan 60 días. Aparte, no te olvides que está loco.
(Hijo piensa: PERO LA PUTA MADRE)
Habías salido a cargar el GOL TREND testaferreado. Te fuiste con 15 kilómetros de autonomía; volviste con 170.
Solo te falta una puta en cada pueblo.
¿Cuántos litros fueron?
No lo sé.
La próxima, los contás.
