¿Y si vamos al Colmado? El Colmado. Decía José. Antonio y Emmanuel lo miraban a Alfredo. Soñaban las noches eternas, toda la noche.
Esa obsesión con la eternidad solo era comparable a lo finito de la billetera y las monedas. Pero si el peso aguantaba, ahí estaba el desafío: el cafetín abriría a las 5 de la mañana tal vez más tarde casi a las 6
y las noches de frío en la estación se hacían sufrir.
Tres veces nos sentamos los tres. ¿O no eran 5? No importa, es para despistar. LIteratura, papá.
Cinco los videos, Colmado00.mpg, Colmado01.mpg, Colmado02.mpg, Colmado03.mpg, Colmado04.mpg. Nombraba los archivos mano a mano. Al frío del invierno solo la computadora le ganaba. No tendría una hoguera a mano pero los dedos sí que calentaron el teclado.
¿El medio? Un Sony Ericsson K300.
Éramos tan jóvenes. De fondo se lo ve al gordo fierro. En ese tiempo estaba tan al pedo y se hacía aún todo a mano, artesanalmente y
¿Te acuerdás, Campeón, del Último Artesano?
Terrible, terribles perdedores de tiempos, seriales (y el derecho al ocio). Que un punga me dijera : EH, CHETO TELÉFONO y yo pensando en ey, la cantidad de meses que invertí en horas para comprarme este aparatito
pero valió la pena
LA PENA Y EL VALOR. Como descategorización del lenguaje, de las palabras. ALTO ESCRITOR, amigo.
Éramos todos tan bien hablados. El vocabulario era amplio, adverso, tan complicado y complejo como para que uno ya no supiera ni qué decir, y Lucas siempre diciéndome:
ESCRIBÍ, escribí, escribís, sos escritor. Hoy es:
Y hace poco una señora acá en Plaza de los Inmigrantes me vio con mi cuaderno, mate y lapicera en la plaza me pregunta:
¿Nunca pensaste en dedicarte a ser escritor?
Todos los días señora, todos los días.
Su perro se llamaba Vangóh.
O algo así, no llegué a comprender. Creo que si los veo de nuevo los reconozco. O el perro me reconocerá a mí? Se comía las plantas, y podías sentirse que
no sabía si amarme u odiarme.
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