

Salam-eE-shalam. Ese fui yo en 2019. Un padre demasiado joven que aún no recordaba tanto su vida previa; la vida antes de convertirse en papá, la vida de joven adolescente que vivía con sus padres en su departamento natal.
Había soñado con ser escritor, pero no escribía. Las guitarras y la música habían quedado guardadas, empolvadas. El piano en Buenos Aires (lo primero que me compré apenas divorciado) era algo nuevo pero llevado como un hobbie ligero. Había otras prioridades. Había otros entusiasmos computacionales.
Ese dorado en la cara me lo da un sol poniéndose en Playa Mansa y P.M.P. una fogoza fotógrafa. Hubiera repetido sin esa cadena en el pecho pero, ey, valdría la pena la analogía para representar algunas sensaciones: la de estar encadenado a ciertos amores que no saben de espacio, que no saben de amar.
En ese noviazgo compartíamos algunos gastos, sin embargo yo ganaba mucho más que ella y le hubiera perforado la billetera pedirle llevar los gastos 50 y 50.No fue mi primera vez en Punta del Este. A esa ciudad ya la había visitado antes. Una poronga, una pocilga, como me trataste en esas vacaciones. Ya hacía tiempo que no sonreía.
Usabas a los chicos manipulativamente. Horrible, horrible. Hoy grité como loco otra vez.
Me duele quedarme en silencio. Que de 100 palabras tuyas no me dejes decir ni dos.
El padre silenciado y el silencio que eso implica y es forzado en el hijo, en los hijos.
¿Qué hijo no pensará que su madre es una reina que merece ser admirada, cuidada?
Es lindo ese sentimiento. Pero luego hay madres que lo aprovechan. No sos mi diosa, madre. Hay madres que se aprovechan.
Parafraseando a Jorge Luis Borges: Mirrors and motherhood are abominable as they multiply men number.
Volviendo a la foto, Parador Imarangatu
No recuerdo tanto. Sí que de vez en cuando había peleas, discusiones. Y yo muy tarado no te compartía con mi hijo. Esa es mala mía, siempre. Pero lo hacía porque no quería que la otra se enojara (porque se enojaba). Habíamos caminado por la playa ese día.
Nos estábamos separando, yo ya quería más libertad; de hecho podré decirte siempre que entré a ese noviazgo con un nivel de compromiso inusitado y una inocencia general que solo había tenido antes, con la otra madre que había conocido.
Quería volver a bailar salsa. Creo que el último día de esas mini-vacaciones mientras me duchaba me decidí y te dije lo más adulto que pude pensar al respecto (porque a los dos nos encantaba bailar y habíamos dejado de hacerlo – los celos no nos permitían ni bailar juntos, ni bailar separados):
– Voy a volver a bailar salsa, es una decisión tomada.
Entonces, nos separamos. No te pudiste bancar que me fuera a bailar solo salsa. Igual, no te preocupes. O te engañaba o trataba de trastocar esa segunda monogamia mortal y tu pacto de exclusividad en el que me había metido sin quererlo; solo por el temor a perderte, perder tu cariño, tu presencia.

Te amo a pesar de todo. Solo no sabía como.
Me miro UN GALLO PARA ESCULAPIO y Brandoni grita y reputea a los gritos:
Hijo de puta, hijo de puta, hijo de puta!!!
La reconcha de tu puta madre después se ofende. ¿Pero no ve que hablamos así?
Pupi: ponerse apodos del amor, privados, ¿qué huevada es esa? Tengo un nombre, usá mi nombre y de vez en cuando me ponés un apodo.
El mismo apodo unificador para los dos, infantojuvenil: Pupi, Poch, Bebé, etc; no vaya a ser que seamos dos personas separadas, diferentes. Algunas madres sí cortan el cordón umbilical, mamá.
Sutiles Putrefacciones
Hacer como que tus sentimientos no importan.
Traer cosas del pasado que habían quedado saldadas; o a partir del olvido ajeno dejar precedente nuevo, inventado. Adosarte “con amor” características pasivo-agresivas, gordi, te quiero; insultos subrepticios.
Miente, miente, que algo quedará. Usar siempre frases hechas.
Ser quien miente; y hacer jugar a mentira verdad a los demás.
¿O no que me amás?
Si no me amás, te pego. Si no me amás, me suicido. Si te vas, me mato.
Putrefactarias manipulaciones.
Peleaban para pelearse con todo el mundo
Si hay escabilidad, hay capacidad de desescalar; conflictos. Serán cosas del pasado. Y las palabras del pasado, olvidadas. Dejadas ahí.
El audio tuyo que escucho una y otra vez, lo disfruto, antes de contestarte. Por suerte fallamos en el amor de pareja pero triunfaremos en el amor entre amigos. Extrañarse hasta de su amor medio visto. Querer escucharte, habrás cambiado, ver qué hay de nuevo.
Yo bien, hijo. Me siento abandonado, la verdad. Creo que me caigo un día lejos del dial, me rompo la cadera y a los gritos ya no me escuchan los vecinos, la dejarán abandonada a la vieja o no habrán escuchado los quejidos
question que a los días se empieza a oler algo nauseabundo, pero ya hay tanto olor a podrido prohibido que nadie sabe de donde viene
…ese olor…
olor,
a qué?
Olor a la reconcha de tu madre; saladito, le pasa la lengua, se pasa los dedos por los labios; ya los 13. Me pide que me la coja:
– No, pero está el hijo.
– No importa, calladitos.
Después contabas cómo te pajeaban en los bondis. Una tocadita por debajo de la mini, me hago la dormida, dale. Sexopatía for the loose.
Quería exagerarte las cosas, vos sabés.
Ya sos mucho más inteligente que vos. Y que yo.
Este mamut en la clínica te escribía – no encuentro el papel. Los papeles. La reputa madre. Varado en la oficina desde que conocí a tu madre, mientras disfruta y piensa que el dinero… ¿viene de donde? ¿Se caga el dinero, Gaggy? Bacardi no paga gratis.
Como si no fueran horas y horas de estudio, de esfuerzo, de profesión, tiradas a la basura.
En vez de cooperar; hacerse la guerra, los inventos, pensar que el mundo es tu telenovela. ¿Quién carajo te pensás que sos, Esculapio? Ojalá bebé del ojo biónico. Te amo.
Te perdoné cosas peores.
Y jugás en contra del tiempo. Acordate.
Abandonalo, hijo. Anbandonalo, ¿a tu padre? Lo abandonamos.
Mamá me obligaba a sonreír en las fotos. Me obligaba a estar contento. No podía no sonreír. No podía decirle que no. Y todos sus maltratos, fueron excusados: “te lo hice porque soy tana”. “Ah viste, soy una sargenta”. No, mamá. Lo hiciste porque quizás vos también tengás un problema de salud mental. Corte. Se pone a llorar. ALERTA!! Victimización en puerta.