Estaba un cura y su séquito en la placita de Olivos dando misa. Me ví a mí mismo escupiendo el cartel de la virgencita (¿o fueron las flores?) y me arrepentí, me sentí mal, culpable, todo eso junto, mientras la misa.
Lloro, lloro mientras miro el video de 2021 desafinando en Palermo con vos, mi amor. Ahora vos también tenés esa responsabilidad irreductible y quizás entiendas la tristeza. Francés del orto en esa esquina y María que ya no está.
La tristeza del castigo hacia los hijos.
Padres y madres castigadoras.
Todavía hay de esas dictaduras.
Ángel y sus sahumerios por $5.000 pesos y Estopa y vendiendo kleenex pa pagarme un pico. Quién no vende sus horas por un pico más.
¿Y la familia? ¿Y su familia? ¿y no tener familia?
Y el abandono. Y las familias que se abandonan entre sí. Por peleas estúpidas, discusiones circulares de las que nunca pudieron salirse. Nunca escucharse, siempre gritarse. En el abandono.
Le doy tres mates, me dió un pucho.
Y ella; ¿qué hizo? ¿qué hiciste?
